Lo que mata es la humedad

Hay un Karma en el mundo pelotari, en cada una de las canchas del país, en las que se juega mucho y en las que se juega poco, en las cuidadas y en las descuidadas, en las conocidas por todos y en las que no conoce casi nadie, en todas ellas el peor día es el de la humedad.

La lluvia en algunas hace ruido, algunas gotean desde el techo, otras con la pared de la derecha chorreada de agua pero, en general, es solucionable, no es causal de suspensión de partido. Incluso en históricas goteras como las del trinquete del club Comunicaciones, que con el paso del tiempo han marcado el piso de tanto golpear,  uno sabe que es parte del juego secar la gotera entre tanto y tanto pero el partido se juega y, algunos, aprovechan el inconveniente para tomar un poco de aire antes del saque.

El frío también hace temblar a pelotaris y espectadores en varias canchas de nuestro deporte, muchos trinquetes como el de Español de Villa Gessel o el de los Robles de Las Heras son conocidos por las bajas temperaturas del ambiente y ver jugadores soplando “humito” es normal en los meses de invierno, ni hablar de las canchas abiertas aunque, muchas veces, se agradece como en el Bochin Club, que se encuentra en pleno barrio de Palermo y, en verano, es un oasis que los pelotaris porteños tienen a mano. Con temperaturas de 35 grados en la calle, usted entra al club y puede almorzar en el patio mirando un buen partido de paleta a poco más de 20 grados de temperatura ambiente. Si no nos cree, haga la prueba el próximo verano.

El calor también puede ser factor en un partido, cuando las chapas se calientan en clubes cerrados sin ventilación, la sensación de ahogo llega hasta en los mejor preparados. En las abiertas, pega el sol de verano y los jugadores se tienen que exigir al máximo mientras afuera, el público, apura el vaso para refrescar.

Pero lo que mata es la humedad… porque te suspende el partido o, más aún, la jornada completa. No se da muchas veces por año, pero es todos los años en algún momento no demasiado preciso. Uno ya está mentalizado para jugar, ya pensó el partido durante todo el día, ya tiene el bolso listo para después del trabajo ir al club y descargar todo el día en el trinquete, pero llega, y la noticia es la peor… no se puede jugar, está todo mojado.
Todas las canchas tienen problemas con la humedad, son pocas las que se salvan, una es la de Maipú, en ese pueblo de la provincia de Buenos Aires, la galería puede parecer que esta baldeada pero el piso de la cancha es como de piedra y ni se inmuta. En Platense, pegado a la General Paz, el tema es el viento, si está del lado del río fuiste, si viene del oeste seca y se juega.
Los partidos pueden llegar a ser más entretenidos y con cierta épica aunque más peligrosos para los jugadores. En Rauch, todavía se recuerda una derecha corta que Amilcar Cancina llevó en un 24 iguales, de una final de segunda, contra los míticos locales Caballero-Mónaco y que, con Mauro Stefanazi, se llevaron por un tanto. Ese día el piso estaba blanco de cal y se tardó años para que el piso vuelva a ser el mismo, pero que final! la pelota patinaba, los jugadores también pero el espectáculo fue bárbaro y  Amilcar tiró una palomita para la historia.

Armas en la mítica cancha de boca

             Se han hecho, y se hacen,  locuras como jugar turnos completos con los jugadores patinando como en una pista de hielo, gente grande, pesada que puede lastimarse feo.  ¿Es necesario? ¿Se justifica? Es un partido, un día, no es la muerte de nadie.
Un día de humedad, se le planteó esto que les contamos al viejo Zapatero que casi lloraba porque no se podía jugar bajo las tribunas de la Bombonera en una tardecita de invierno. El, como canchero, se sentía responsable porque no encontraba solución, “y listo zapa, no hay drama, cenamos derecho y listo, ¿qué problema hay?, es un día no más” dijo un jugador. El viejo contesto: “es como decirle a un tipo que fuma dos atados de cigarrillo diarios… No hay drama, hoy no se fuma, es un día no más, mañana se fuma de nuevo… Vamos a ver que te dice el hombre”. Zapatero, un prolijo jugador de abiertas – que realmente cree que Angel Armas es cristo resucitado, que hablaba siempre que la paleta es cancha abierta y que el trinquete no es paleta… hasta que conoció el Moreno – ese viejo, un día, encontró la formula m
ágica, 70% de cal y 30% de aserrín, se barre varias veces, muchas, paciencia, uno va y viene y, así, logra que el pelotari tenga su día de paleta aunque la humedad haya empapado la cancha para que la cena, y el día entero, tengan más sentido.

Los que hacemos Dos Paredes